Mildemonios

Todd Phillips, Joker

In .Inicio, Crítica on 11 octubre, 2019 at 1:40 AM

Esta película ha sido para mí una gran decepción.  No porque sea mala, porque de hecho no lo es.  La actuación de Joaquín Phoenix es perfecta.  Hay un par de escenas que solo habrían funcionado con un actor excelente.  Por ejemplo, cuando dice que tuvo un mal día.  Cuando la ves sabrás a lo que me refiero.  La dirección es genial.  El guión es muy bueno.  Y la manera cómo mantiene el suspenso hasta el final es también excelente.

No obstante, a pesar de ser una buena película, es la historia de un tipo que se volvió loco.  Punto.  Le quitaron su servicio público de salud, le dieron acceso a las armas, es sujeto de abuso por parte de tres ricachones, descubre terribles asuntos de su infancia que trastornaría a cualquiera y listo, el tipo se vuelve loco y comienza a matar gente.  El trasfondo de un mensaje político es relativamente obvio.  Pero eso no me molesta.

Me dio pena saber que el Joker que estamos viendo ascender en esta película no es el Joker de Christopher Nolan, el actuado por Heath Ledger.  Éste es otro personaje completamente.  Mientras que el Joker/Ledger es un manipulador y un genio, el Joker/Phoenix es simplemente un tipo que está loco y que no tomó sus medicamentos.  Por supuesto que esto es un drama y de hecho es una historia interesante, pero no es la que esperaba.

Joker/Ledger es un villano que tiene todo planeado.  Que sabe exactamente qué hacer y que ha previsto todos los escenarios.  Ese tipo de villano a mí me llamaba más la atención.  Y si bien tenía un discurso político también, era uno completamente distinto al del Joker/Phoenix, quien también tiene la oportunidad de salir en televisión y expresarlo.  No obstante, mientras que Joker/Ledger está siempre bajo control, Joker/Phoenix no tiene el control de nada.  Ni siquiera después de asumir la personalidad del Joker.

Una cosa que me incomoda de esta última película es que el Joker/Phoenix no tiene agencia sobre casi nada.  Todo va siendo decidido por él.  Y ok, entiendo que el personaje tiene un problema y necesita pastillas y la sociedad lo ha abanonado.  Hay un mensaje bien claro ahí.

Es tan solo que Christopher Nolan revolucionó la imagen de ese personaje.  Es comparable a lo que hizo Tim Burton con el mismo personaje de Batman.  Tomó lo que se sabía de él en ese momento y lo transformó en otra cosa.  Eso es lo que hizo Nolan con el Joker.  Lo convirtió en este anarquista que es mucho más que solamente el “clown prince of crime” (el príncipe payaso del crimen).  El Joker/Ledger tiene una crítica a la sociedad y te la va a meter por la nariz.

Quizás por eso nos molestó tanto el Joker de Suicide Squad.  En esa película, el Joker de Jared Leto es un mero delincuente con métodos extremos.  No hay crítica social.  No hay rollo político.  Después de la bomba que nos arrojó Nolan con su película, el Joker/Leto es un retroceso.

En fin.  Todo esto no quita que la película que están dando en este momento en los cines no sea buena.  Es genial.  A mí me movió el piso un montón.  Pero no es lo que yo esperaba.

Anuncios

Réquiem por Lima y Réquiem por San Borja en la Feria Metropolitana de Libro Lima Lee

In .Inicio, Crónica on 2 octubre, 2019 at 11:54 PM

Este año la Municipalidad de Lima organizó la cuarta edición de la feria Lima Lee e el parque de la exposición.  Uno podría pensar que con tanta feria del libro que hay en los distritos y en las ciudades del interior del país, ya no haría falta una más.  Pues bien, lo que está pasando es que cada una de estas ferias está tomando su propia personalidad, lo cual es bueno.

Mis dos novelas de terror estuvieron disponibles en dos stands.  Primero, en el de la editorial Altazor.  Como siempre, ahí estuvieron fieles al castigo.  Segundo, en el stand de la revista Aeternum, una iniciativa de un grupo de fanáticos del género del terror.  No se me ocurre un mejor canal para poner a la venta novelas de zombis que con estos dementes.

Cuando yo estaba en el colegio era difícil encontrar a otros maniáticos del género del terror.  Los había, por supuesto, pero no conocedores.  Estos muchachos del Aeternum no sé de dónde se conocen, pero se ve que se divierten en sus stands vendiendo máscaras y en sus eventos hablando de monstruos y en su revista compartiendo cuentos.  Ojalá sigan creciendo y haciendo conferencias y otras actividades.

Sergei Lukyanenko, Last Watch

In .Inicio, Crítica on 25 septiembre, 2019 at 6:27 AM

The Last Watch es la cuarta parte de una serie de novelas.  Se le considera la secuela a la trilogía Night Watch, porque es la primera que escribió Lukyanenko después de que cerrara un arco con las primeras tres de la serie.  En Night Watch, que comento en este enlace, se presenta a la Guardia Nocturna, un grupo de humanos buenos con poderes -llamados Otros- que controlan a los Otros malvados.  En la segunda, Day Watch, que comento en este otro enlace, se presenta a la Guardia Diurna, compuesta de los Otros malvados encargados de controlar a los Otros buenos.  En el mundo de estas novelas hay un equilibrio sagrado que no se puede romper.  Si, por ejemplo, aparece un Otro bueno extremadamente poderoso, el universo se encarga de que aparezca un Otro malo que compense la situación.  Y para velar por ese balance, existe una tercera organización, los Inquisidores.  Su punto de vista es expuesto en Twilight Watch, que comento en este otro enlace.

Y listo, con eso se cerraba el arco.  Se había recorrido un mundo entero y no quedaba mucho más que explorar.  Y es que el mundo que crea Lukyanenko es muy sólido, pero muy restringido.  Las reglas que lo rigen son muy claras.  Es algo así como las tres leyes de la robótica de Asimov, pero para brujos.  Y tiene sentido y todo cuadra.  De hecho, parte de la gracia de estas historias es descubrir cómo es que tal personaje pudo hacer algo, si es que todos sabemos que no se puede romper una regla en particular.

Como en todas las novelas anteriores, Last Watch está dividido en tres relatos.  Cada uno tiene su propio tema y su propia trama, pero los tres juntos forman una gran historia.  En la primera historia Anton, el personaje principal de la saga, es enviado a Edimburgo para investigar el caso de un asesinato, el cual se comienza a complicar y termina involucrando la posibilidad de darle acceso a la Penumbra a todos los seres humanos vivos.

La Penumbra es lo que le da sus poderes a los Otros.  No obstante, tiene una voluntad propia que se manifiesta de maneras misteriosas.  Esta segunda trilogía va a girar alrededor de eso.  Al final del primer relato queda el misterio de una corona mágica que Merlín ha escondido en alguna parte.  Por eso en la segunda historia Anton tiene que viajar a Uzbekistán a buscar a un Otro que conoció a Merlín, a ver si él tiene alguna idea acerca de los alcances de este artefacto y en dónde podría estar.

Un detalle novedoso dentro de la serie es que recién en Last Watch uno puede ver que los humanos que no son Otros se pueden organizar para protegerse de estos seres superiores que aparentemente pueden hacer lo que les da la gana con la gente normal.  Y no solo eso, sino que además pueden colaborar con algunos Otros para alcanzar distintos objetivos.

En la tercera historia de Last Watch  todo se resuelve.  Incluye una bomba atómica, un personaje del pasado de Anton que llega a participar de la trama y la verdadera interpretación de lo que hará la corona de Merlín.  Como ya nos tiene acostumbrados este autor, el final es genial.

En general es una novela que mantiene el nivel de las anteriores.  Es muy dinámica, muy movida y muy bien contada.  Los nuevos personajes que se introducen son bastante interesantes, como el vampiro oscuro que ayuda a Anton en Edimburgo o la mujer lobo que envían de Moscú para protegerlo.

Quizás el único problema que le encuentro a Last Watch es que es un intento de Lukyanenko de internacionalizar la serie.  Las anteriores novelas transcurren casi en su totalidad en Moscú y eso le daba un aire bastante particular.  Eran pesadillas urbanas sobre reguladas.  Era un buen escenario para la burocracia y las reglas inexplicables dentro de las cuales se mueven sus personajes.  Pero Edimburgo es otro asunto completamente.  Y Uzbekistán otro más.  Ahí no cuadra tan bien la metáfora.