Mildemonios

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Zack Snyder, Army of the Dead

In .Inicio, Crítica on 27 mayo, 2021 at 5:55 AM

Yo sí estaba emocionado por el estreno de esta película. Tenía varias razones para eso. Primero, estaba siendo dirigida por Zack Snyder, que cierto, ha hecho muchas tonterías en su carrera, pero también fue el director de Dawn of the dead, el remake de la película de George Romero que a mi parecer arreglaba varios de los problemas que tenía la original. Dawn a mí me pareció muy buena y la he visto varias veces. Segundo, el trailer de Army se veía muy fuerte y mostraba varios elementos que me parecían intrigantes.

Además, retoma una idea que Romero dejó en desarrollo cuando falleció. Cuando él empezó a hacer películas de zombis, hubo un detalle que introdujo con Day of the dead en 1985: Los zombis son horribles y dan miedo, en parte, porque no se puede razonar con ellos. Pero si se pudiera hacer eso, seguramente terminaríamos aprovechándonos de ellos. En esa oportunidad mostraba a un muerto viviente que aprendía a pensar, pero nada más. En Land of the dead de 2005 lo desarrolla un poco más, con la introducción de algo adicional. Los muertos vivientes ya no solo podían comenzar a pensar y usar herramientas, sino que además ya se podían comunicar entre ellos. ¿Te da miedo eso? ¿Que los zombis que se comen a los vivos y que son imparables de pronto puedan usar rifles también? Ni tanto, porque si te puedes comunicar con ellos, también los puedes engañar y ponerlos a trabajar para ti.

En Army de Zack Snyder llevan el asunto un nivel más allá. Aquí ya tenemos humanos que están negociando directamente con los zombis. Sí, ya tenemos zombis que piensan y que se comunican con otros. Es más, les dan órdenes. Los llaman “alfas”. Para poder ingresar a su territorio les tienes que hacer una ofrenda. Darles a un humano vivo. A cambio de eso, te dejan pasar.

Y tal como Romero lo sugería, que puedan negociar funciona en su contra. Los alfas dejan que entren estos mercenarios a su territorio. Los muertos vivientes no saben para qué y no les importa. Pero los dejan pasar. No saben que son un equipo que se ha juntado para llegar a la bóveda de uno de los casinos de Las Vegas -ciudad infestada por zombis- para capturar un botín de millones de dólares y escapar en un helicóptero que los espera en el techo.

Pues bien, la predicción de Romero se cumple. Los alfas terminan perdiendo por hacer el trato. Dejar pasar a los mercenarios les trae ruina. No sólo en el hecho de que estos eventualmente terminarán atacando a los zombis que no les habían hecho nada hasta ese momento, sino que además capturarán a una de las alfas para llevársela de rehén. Resulta que ése era el plan todo el tiempo. Lo de la bóveda había sido una excusa. Y los demás alfas terminarán siendo destruidos por los mercenarios.

No por la bomba nuclear que arrojarán sobre Las Vegas. Eso matará a todos los demás zombis. Pero los alfas mueren en manos de los mercenarios que dejaron pasar, porque hicieron el trato. Tal y como lo predice Romero. Que puedan pensar los hace susceptibles a engaños y trucos y eso representa su destrucción. Interesante mensaje.

Pero aquí la parte interesante. Los humanos también salen perdiendo. Si los humanos hubiesen seguido el plan, todo habría salido bien. Si hubiesen respetado el trato con los alfas, habrían llegado a la bóveda, habrían cargado el dinero al helicóptero y listo. Pero no, los humanos no somos así. Los humanos tenemos que traicionar a otros y entre nosotros. Eso lleva a que uno de ellos traicione a los alfas, lo que a su vez lleva a un ataque frontal de zombis al hotel en el que están trabajando los mercenarios. Mientras tanto, otra de ellos también los traiciona y se va a buscar a unos refugiados. Sus intenciones pueden ser buenas, pero sigue siendo una traición. Ella se había comprometido a no hacer eso.

Es más. El resultado de la traición de los humanos a los humanos es que se matan casi todos ellos, menos una de las traidoras y una inocente que todo el momento mantuvo el plan (la piloto). Además, el resultado es que se perderá otra ciudad entera. La película acaba con otro de los mercenarios en un avión volando a México. Pero este mercenario está infectado, sugiriendo que se transformará pronto y que Ciudad de México también caerá.

Entonces, los humanos como especie son traidores y eso los lleva a la ruina. Pero no solo a ellos, sino también a la nueva especie. Los alfas terminan todos muertos también como consecuencia de haber confiado en los humanos. Y ojo, los alfas no se traicionan entre ellos. Ellos, aparentemente una especie superior a pesar de todo, no se traicionan entre ellos ni traicionan a los humanos.

Más allá de la acción, que es muy buena, esto es lo que me gusta de Army. Yo soy fan de los zombis clásicos y en esta película rompen varias de las convenciones de los zombis clásicos. Pero no importa, porque lo hacen para hacer cuadrar un mensaje que me parece fuerte y adecuado. Muy recomendable.

El sueño del musical propio

In .Inicio, Crónica on 21 mayo, 2021 at 2:03 PM

Hace un montón de tiempo fui invitado a ser parte de un equipo que compondría música original y la tocaría en vivo para acompañar una adaptación de la obra de Moliere, Los enredos de Scapin. Eso fue hace tiempo. Aun era reciente la experiencia que había tenido por años tocando en un grupo de rock, así que pensé que sería parecido. Para nada lo fue. Pero me gustó mucho más.

Hay una complicación adicional cuando se está escribiendo música para una obra de teatro: Hay una intención definida que tienes que respetar. Por ejemplo, en un segmento nos pedían que toquemos una canción que haga énfasis en la comicidad que se generaba, porque unos personajes se perseguían entre ellos. Ok, entonces, hay una intención que hay que mantener. No se puede tocar una canción romántica o lenta. Tenía que cuadrar con lo que ya estaba definido que sucedería en escena. Eso te ponía una restricción que hacía más interesante el encargo. A mí, por lo menos, eso me gusta.

Además, mientras que tocar rock con mi grupo dejaba mucho espacio para la improvisación, tocar en la obra de teatro daba muy poco margen. Todo tenía que ser muy preciso, porque algunos cambios que hacíamos tenían que ver con cosas que actores iban a tener que hacer al mismo tiempo. Si nos demorábamos un segundo o nos adelantábamos, el efecto no era el mismo. Ni qué decir del ritmo. Yo personalmente tengo un problema porque siempre me acelero cuando me emociono tocando en público. A veces me han tenido que frenar sutilmente amigos con los que estoy tocando. En el teatro eso era mucho más grave. Esto implica mucho más stress.

Otro detalle fue que no estaba solo. En mi grupo éramos cuatro o cinco, dependiendo de la presentación que íbamos a hacer. En el teatro yo tocaba saxofón y estaba acompañado de un pianista muy talentoso, que de lejos era mejor músico que yo. Éramos solo dos. Así que yo me apoyaba en él, que tenía un mucho mejor control de todo el asunto. No obstante, pocas veces he tocado saxofón con piano. Es un sonido bien particular que funcionaba para la obra, pero que era algo nuevo para mí.

Todo esto viene a raíz de que me han ofrecido participar en un proyecto similar otra vez, pero a otro nivel. Scapin lo hice como experimento cuando acababa de salir de la universidad. Este nuevo proyecto podría ser algo grande. Vamos a ver si sale algo.

Joe Johnston, The Rocketeer

In .Inicio, Crítica on 13 mayo, 2021 at 9:49 PM

The Rocketeer es una de esas películas que ya no volverán a hacerse nunca más. Es el producto de una época en la que sí había un esfuerzo por escribir guiones inteligentes, con dirección precisa y un aprecio por el espectador, a quien no se le está tratando como a un idiota al que hay que darle todo masticado o al que hay que adoctrinar. Rocketeer es una película divertida, emocionante, con personajes cotidianos que se enfrentan a una situación extraordinaria. Aquí el piloto Cliff es machista porque en fin, en esa época había mucho machismo socialmente aceptado. Su novia Jenny no espera sentada a ser rescatada, pero sí termina siendo rescatada por Cliff porque, en fin, las circunstancias se dieron así. Nadie odia a nadie dentro del contexto de la película por eso.

En esta película el villano es un actor, porque en fin, alguna profesión tenía que tener el villano. Y la amenaza son espías nazis que quieren apoderarse de tecnología norteamericana. Porque en fin, ¿quién no odia a los nazis? Y son alemanes, porque lo siento mucho, los nazis venían de Alemania. Nadie está menospreciando la Alemania de hoy por eso. Es simplemente algo que pasa. Y todo gira alrededor de un nuevo tipo de cohete que ha diseñado un ingeniero norteamericano, porque los ingenieros norteamericanos en esa época eran bastante buenos y sorprendentes. Lo siento mucho, lo eran. Nadie está introduciendo un mensaje de hegemonía imperialista. Simplemente es divertido que la trama gire alrededor de eso.

Es más, el brillante industrial Howard Hughes que produce el prototipo del cohete lo pierde y es recuperado por Peevy, un mecánico de a pie que trabaja en un taller al borde de la quiebra. Y él, con sus conocimientos aplicados de mecánica logra corregir algunos de los problemas que tenía el aparato y que Hughes no había podido solucionar. Porque los mecánicos de pueblo sin así de brillantes y de preparados aparentemente. ¿No es ése un mensaje bonito? Que los mecánicos sin estudios, pero con experiencia aplicada están al nivel de los ingenieros con muchos títulos y con mucho dinero. Definitivamente ésta es una película de Disney de otra época.

Hoy cada dos escenas habría una reafirmación de una minoría o el tratamiento directo de un tema social o la reinvindicación de algo, de tal manera que la historia dejaría de ser divertida y los dos o tres mensajes positivos que sí tiene Rocketeer se perderían.

Otra cosa: En Rocketeer los personajes son lo que son. Cliff es un piloto y no mucho más que eso. Es valiente, como lo solían ser los pilotos de esa época en la que se estaba experimentando con nuevos motores y formas de volar. Cuando pelea a puñetazos, siempre le terminan ganando. Cuando tiene que discutir, lo dejan mal parado. Es un piloto, hecho y derecho. No es como los pilotos de las películas de hoy, que además son espías y son líderes y son francotiradores y son revolucionarios y son todo. Porque por qué no.

Lo mismo pasa con Peevy. Él es el mecánico y desde el comienzo es un mecánico excepcional y astuto y todos en esa pequeña comunidad lo respetan y lo tratan bien y lo reconocen… como mecánico Cuando el cohete llega a sus manos, de inmediato se pone a experimentar y a mejorar el cohete. Básicamente porque es un mecánico excepcional. No da grandes discursos motivacionales. No es millonario. No es aguerrido. Es simplemente un buen mecánico. Y lo es desde el comienzo. No es un superhéroe que de pronto resulta que también sabía de mecánica.

Y el villano, interpretado por Timothy Dalton. Un actor de Hollywood que todo lo soluciona actuando. Es bien sutil, como lo solían ser las buenas películas de esas épocas, pero sale de situaciones difíciles usando diálogos de películas que hemos visto antes en la misma película o frases que otros han dicho. Es un truco que Jenny reconoce de inmediato y lo expone. Incluso hasta el final, el villano Neville sigue siendo falso y mentiroso, pero lo hace con tal glamour que lo justifica como actuación. Genial.

Otro elemento interesante es la representación de la mafia norteamericana. Colaboran con Neville mientras éste les paga y no saben que trabaja para nazis. Pero cuando se enteran que el cohete se lo llevarían del país a Alemania, se voltean y colaboran con el FBI para evitarlo. Estamos hablando de un distinto tipo de gangster. Uno que tiene un código de ética. Eran otros tiempos.

Rocketeer es genial. Recordaba haberla visto en el cine y que me gustó mucho. Claro, esto fue después de Batman y de la ola de adaptación de superhéroes oscuros a la pantalla grande. Pero no Rocketeer. Sí, es la adaptación de un héroe de cómics al cine, pero no es oscura. Muy por el contrario, es muy iluminada y muy positiva y optimista. Cliff es inocente y Peevy confía en la gente y Hughes no tiene problema en ayudar al piloto y al mecánico quebrados. Es la representación de otros ideales de otros tiempos. Sí, claro que recrea una época más inocente. Pero, ¿no son ideales que valdría la pena retomar? Es más, ¿no es ésa la función de los superhéroes? ¿Despertar en nosotros las ganas de querer hacer las cosas bien? De ser más inocentes y más rectos. O por lo menos de aspirar a serlo.

Drew Goddard, Daredevil Temporada 1

In .Inicio, Crítica on 5 mayo, 2021 at 7:13 PM

(Continúo comentando las películas y series del MCU, siguiendo el orden narrativo, no el orden en el que fueron producidas. La última que comenté fue Guardians of the Galaxy Vol. 2. La pueden revisar en este enlace. En esta oportunidad me tocaba una serie que el MCU sacó en exclusivo para Netflix, la primera temporada de Daredevil).

Quizás si uno ve Daredevil hoy no entenderá por qué causó tanto escándalo en su momento. Hay que entender el contexto en el que se lanzó. La primera temporada de esta serie se estrenó en el 2015. El MCU había explotado y estaba en la boca de todos. Ya habían estrenado diez películas de ese universo, que ya incluían la mega popular The Avengers del 2012 (que comento en este enlace) y Captain America: The Winter Soldier del 2014 (que comento en este otro enlace), que puede que no haya sido tan taquillera como otras, pero definía una línea de historias para el MCU que hasta ese momento casi no había sido explorada.

Hasta ese momento, no había habido una película en el MCU que se inclinara más por la trama de espionaje e intriga oscura. Winter Soldier fue la primera y funcionó. Tanto así que abrió una nueva línea en ese universo. Después vendría Civil War en el 2016 (que comento en este enlace) y otras varias películas incluirían elementos de espionaje. No obstante, esto era solo en las películas. El frente de las series recién se estaba abriendo.

La primera temporada de Agent Carter (que comento en este enlace) era novedad. Se suponía que sería una serie de espionaje también, pero perdió el rumbo y fue cualquier otra cosa. Una decepción. Agents of S.H.I.E.L.D. ya había emitido sus dos primeras temporadas (la primera de las cuales comento en este otro enlace) y estaba teniendo éxito. No obstante, ésta era más bien de aventuras. Además, estas dos fueron series de cable. De pronto, llegan las series de Marvel exclusivas para Netflix. Y no me importa lo que digan otros, para mí éstas cambiaron la escena por completo.

Daredevil llegó a satisfacer la ansiedad de los fans que queríamos seguir viviendo las aventuras de los héroes de Marvel entre películas. Agents lo estaba haciendo a cierto nivel, pero Daredevil llegó con una propuesta más adulta. Ahí, donde Agents es infantil e idealista y tremendamente fantástica y optimista, Daredevil es oscura y realista. Y que saliera en exclusivo para Netflix tampoco es casualidad.

Si bien éste había sido el contexto en Marvel, el de Netflix también era particular. Habían tenido éxito con series como House of cards y aun era novedad la idea -que ahora parecen haber abandonado- de que Netflix estaba diseñando series exclusivas sobre la base de la data que habían levantado de sus usuarios. Se suponía que Daredevil fue diseñada partiendo de ese modelo, aunque en entrevistas ellos niegan haberlo hecho. Como sea, las series caras exclusivas de Netflix eran novedad y Marvel se colgó de eso para lanzarla.

Ahora bien, ni Marvel ni Netflix corrieron riesgos y fueron a lo seguro. Para que esté a cargo de la serie llamaron a Drew Goddard, que se había lucido con el guión de Cabin in the woods -una excelente película de terror que deconstruye el género- para la gente de Josh Whedon, con varios guiones de Lost y de Alias para la gente de J. J. Abrams, con guiones para Angel y Buffy también para la gente de Josh Whedon. Es decir, un veterano de la televisión de acción y aventuras y un buen guionista. No había tenido mucha experiencia dirigiendo, pero sí produciendo. Era una apuesta segura para un proyecto como éste.

No escatimaron gastos en nada. Las secuencias de acción son perfectas. Esas escenas largas de peleas entre Daredevil y los criminales son insuperables. El trato de las consecuencias también. Si Matt era golpeado duramente en un episodio, en los siguientes se estaba recuperando. Caminaba cojeando o se le veía curándose.

Tampoco escatimaron gastos con los actores. Todos aquí son reconocibles. Charlie Cox como Matt Murdock / Daredevil es exactamente lo que hacía falta. Carismático, buen actor, serio cuando hace falta, en buena condición física. Con una larga trayectoria para su corta edad, pero quizás más reconocible como Tristan en Stardust de 2007. Ni qué decir del excelente Vincent D’Onofrio como el villano de la temporada, Wilson Fisk. Muy efectivo. Eso es lo que pasa cuando traes a un buen actor a dar miedo como el villano de la historia.

¿Y la historia? La historia no importa. Cuando tienes personajes tan sólidos y tan bien definidos, escenas de acción tan bien armadas, diálogos tan inteligentemente escritos, un villano tan claro… Qué importa la trama. Lo que importa es que en el proceso de la temporada Matt aprende a ser Daredevil, consigue el traje que lo hará famoso y establecerá la oficina con su amigo Foggy.