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Jonathan Stroud, Lockwood & Co – The screaming staircase

In .Inicio, Crítica on 29 septiembre, 2016 at 6:00 AM

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La intención de esta novela está clarísima desde la página uno.  Stroud está tratando desesperadamente de establecer una franquicia, como solo Disney puede hacerlo.  Tomen en cuenta que esta novela está siendo publicada por la editorial de Disney, Hyprion.  La misma que lanzó Descendants, que ahora va por su segunda película.

Esto no está mal en sí mismo.  No obstante, aquí creo que sí se pone en el camino.  La intención de Stroud perjudica al ritmo de la narración.  Por ejemplo, el inicio es demasiado lento, dejando en claro que a estos personajes los vas a tener en montones de historias por venir.  Lo primero que se narra en Screaming staircase es una larga y aburrida secuencia en la que los dos personajes principales, Lockwood y Lucy, se preparan para un caso dentro de una casa que supuestamente está embrujada.  Eventualmente el caso se pone interesante y arranca la acción.  Eventualmente te dan más detalles del origen de Lucy, que es la narradora de la novela.  Pero es en esta secuencia inicial que te introducen lo más importante del mundo de Lockwood.

Hace muchos años hubo un suceso que no se entiende aún, por el cual se liberaron a nuestro mundo fantasmas.  Estos pueden ser de distintos tipos, pero hay algunos que son dañinos y que pueden incluso matar a una persona.  Para hacer frente a esta amenaza hay agencias de investigación.  Pero hay un giro, que casualmente hace del mundo de Lockwook uno interesante para el público de Disney.  Solamente niños pueden sentir la presencia de los fantasmas.  Los adultos solamente son víctimas cuando ya es demasiado tarde.

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No queda claro en qué año sucede la trama, pero el impacto de la presencia de fantasmas ha alterado completamente el desarrollo de la sociedad.  Por ejemplo, se sabe que los fantasmas son afectados por el hierro.  Así que la industria del hierro es la más relevante.

Muchos celebran que Stroud haya sido muy creativo en la generación del mundo en el que transcurre la historia, más que los personajes -que son algo trillados- o la historia misma -que es algo predecible-.  A mí no me pareció que ése fuese el caso.  A mí la impresión que me dio fue que fuerza demasiado las cosas para plantear un mundo que es ideal para una serie de aventuras.

Los personajes son geniales.  Es lo mejor de la novela.  Muchas críticas celebran la capacidad de Stroud de crear un mundo convincente en el que fantasmas son un problema cotidiano.  Yo discrepo.  Creo que sus personajes -sobre todo los principales: Lockwood y Lucy- están muy bien hechos, con diálogos muy inteligentes y realistas a la vez.  Hay partes que no tendrían sentido en una narración de aventuras.  Pero sí en un mundo que aspira a ser creíble.  Así es como reaccionaría un millonario si se le apareciera el fantasma de su ex.  Quizás lo que hace en ese momento no sea racional, pero es que así somos ante lo sobrenatural.

El mundo que propone Stroud está bien, pero no me parece sobresaliente.  Hoy en día, después de The magicians de Lev Grossman o de The Dresden Files de Jim Butcher, construir un mundo convincente para una novela de fantasía urbana es casi casi una necesidad.  No es opcional.  Y en esa tarea Stroud no me parece tan bueno como la crítica lo pone.  Sobre todo porque los elementos más originales y los que son más resaltados en la publicidad de la novela -por ejemplo, que para perseguir fantasmas te tienes que armar con, entre otras cosas, una esgrima de hierro-, terminan siendo algo forzados para establecer la franquicia que comentaba adelante.

Un héroe que anda con esgrima batallando contra fantasmas es comparable al sonic screwdriver de Doctor Who o las varitas mágicas de Harry Potter.  Por lo pronto, el truco parece haberles ligado, porque ya hay un proyecto listado para adaptar esta novela al cine.  En lo que a mí concierne, estuvo bien, pero no me llamó la atención lo suficiente como para comprarme la segunda parte.  Tengo otras lecturas más prometedoras esperándome.  Lo siento, Lockwood.

 

 

Lev Grossman, The magicians

In .Inicio, Crítica on 10 marzo, 2016 at 2:45 AM

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Ésta no es una novela para cualquiera.  Es una historia fuerte con un personaje principal bastante cínico y situaciones algo adultas.  El resumen quizás les suene conocido: Es la historia de un joven que tiene una vida aburrida e infeliz que descubre que ha sido aceptado en una escuela de magia, que es secreta.  Ahí aprenderá que hay toda una sociedad de hechiceros y brujas que existe en paralelo a nuestro mundo, pero escondido.

Suena mucho a Harry Potter, ¿no? Pues, sí, podría parecer, pero no lo es.  Ni de lejos.  Lo que Lev Grossman explica es que él comenzó a planear esta novela antes de que J.K. Rowling saque su novela.  Y que cuando salió y fue tal éxito, tuvo que dejar el proyecto de lado por un tiempo.  The Magicians recién fue publicado en el 2009 y hay una sencilla razón por la que fue un éxito: Es muy, muy buena.  Pero además, tiene tres fuertísimas diferencias con el universo de Harry Potter.  De hecho, un par de ellas a mí me molestan de las novelas de Rowling.  Es como que Grossman hubiese oído las quejas de gente como yo y lo hubiese implementado de inmediato.

Primero, no hay villano. ¿No les incomoda que en el universo de Harry Potter todo todito requetetodo gire alrededor de Voldemort que ya llega y que hay que prepararse para eso y que es el comienzo y el final de la sociedad de magos? ¿A qué se van a dedicar todos los magos después de la sétima novela, que Voldemort ya no está? A aburrirse de lo lindo.

Pues en The Magicians, no hay villano.  Y ése es un punto crucial en la vida de Quentin, el personaje principal.  La novela cubre su ingreso a la escuela Brakebills, su paso por la escuela, su graduación y lo que viene después: Aburrimiento total.  Quentin y su pandilla simplemente no sabe qué hacer una vez que está fuera de Brakebills y no tiene retos, no tiene amenazas.  En buena parte, The Magicians es la historia de eso: ¿Qué pasa cuando tu vida está hecha y cada día es igual al anterior y no buscas salir de esa rutina?

Lo que Quentin y su gente encuentra bien podría terminar llevándolos a la autodestrucción.  Pero cualquier cosa es mejor que esa rutina que los estaba carcomiendo de a pocos.

Segundo, Quentin no es el elegido. ¿No les incomodaba en Harry Potter que él no tuviese que mover un dedo, porque siendo el elegido hay un escuadrón de gente alrededor de él dispuesto a los sacrificios más extraños para salvarlo? Porque es el elegido.  Y porque tiene un talento natural y puede hacer cosas que otros no pueden con solo intentarlo.

Pues Quentin no es así.  Para empezar, a partir de cierto punto de la novela queda claro que él no es el más poderoso ni el más talentoso para hacer magia, sino uno de su mancha.  De hecho, hay dos que son claramente más poderosos que él.  Quentin es simplemente alguien que sobresale del promedio, pero que no es al que le tienen miedo los demás.

Esto hace que la dinámica entre Quentin y los demás sea completamente distinta.  Quentin vendría a ser el Hermione de la mancha.  Es el más chancón.  En la escuela se mantiene en la mancha porque le dedica mucho tiempo a leer y estudiar y practicar.  Pero no es el que tiene el talento natural.  Este detalle me encanta, porque hace que sus dudas y sus inseguridades sean reales, no una pérdida de tiempo como en el caso de Harry Potter. ¿De qué se preocupa éste, si ante el ataque de una serpiente gigante resulta que habrá una ave fénix que -oh, perdón, ¿es que nunca lo mencioné?- está programada para sacrificarse para salvarlo y liquidar con la amenaza de ese libro.

En el caso de The Magicians, la amenaza final es vencida con un inmenso sacrificio que le da sentido a muchos elementos que se han estado introduciendo de a poco durante la novela.  Excelente final.

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Tercero, no hay un viejo con barba blanca que orienta al personaje principal.  Si Harry Potter se desvía, sabe que tiene a Dumbledore a la vuelta de la esquina listo para aparecerse e indicarle lo que tiene que hacer.  O si no está disponible, enviará a uno de sus agentes.  En The Magicians no hay eso ni nada que se le parezca.  En momentos cruciales de la historia Quentin no tiene ni idea de si está siendo el bueno o el malo, porque así de perdido está en su vida.  Y eso es mucho más cercano a la vida real. ¿Cuántas veces hemos estado nosotros mismos en esa situación?

Este detallito me encanta, porque hace de Quentin un personaje que es inseguro de verdad.  No por las puras o de puro engreído.

Además, hay otros elementos que hacen de The Magicians una novela superior.  Por ejemplo, es un mundo de fantasía en el cual hay literatura de fantasía.  Constantemente se anda mencionando una saga de novelas de fantasía similar a las novelas de Narnia, las cuales plantean la existencia de un mundo fantástico llamado Fillory.  Éste al comienzo no es relevante, pero luego va asumiendo más importancia.

Otro tiene que ver con los consecuencias de tus actos.  Si eres un mago que puedes hacer buenamente lo que quieras, ¿cómo te afecta cuando metes la pata? ¿Cómo es el cargo de consciencia? Como bien dice un personaje en cierto momento, cada niño en Brakebills es básicamente una bomba atómica esperando explotar.  Es de esperarse que cada cierto tiempo haya desastres terribles que arruinen vidas.  Si naciste con la capacidad para hacer magia, quizás tenga sentido alejarte de todo ello, como lo hacen algunos de los personajes.

En fin, The Magicians es mucho más que simplemente lo que podría haber sido otra novela.  Es un paquete completo, bien armado, con excelentes personajes y con una historia bien sólida que al comienzo quizás no lo parezca, pero que al final resulta tener sentido.  Ojalá que la segunda parte mantenga el nivel.