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Lev Grossman, The magician’s land

In .Inicio, Crítica on 30 abril, 2017 at 6:28 AM

Éste es el tercer libro de la trilogía de Grossman, la última novela de la saga.  La primera me gustó mucho (la comenté en este enlace).  La segunda también, aunque es distinta (la comenté en este otro enlace).  La tercera sigue siendo buena, pero me gustó un poco menos.  Tiene sus buenas partes, pero a estas alturas todo el rollo ya me pareció un poco repetitivo.  Además, mientras que en las dos primeras había alguna especie de estructura, en esta tercera no pareciera que la hay.

Por los acontecimientos de la segunda novela, Quentin se ve obligado a regresar a la Tierra.  Esto puede parecer un poco cruel y efectivamente lo es.  Después de todo se ha pasado toda la primera novela añorando ir a vivir a Fillory y toda la segunda novela celebrándolo.  Que ahora no lo dejen regresar es una reverenda crueldad.  Su primera reacción es regresar al ambiente que mejor conoce: Brakebills.  No obstante, Quentin ya no está en edad de ser un alumno, así que consigue ser contratado como profesor.

No voy a decir que es aburrida esa parte.  Es interesante, porque Quentin tiene la oportunidad de definir varias cosas.  Para empezar, cuando él se graduó lo hizo sin definir una especialidad, algo que todos los demás sí habían hecho.  Por alguna razón los procedimientos que tiene Brakebills para orientar a un alumno a que encuentre su especialidad no habían funcionado en la primera novela.  Ahora que regresaba como profesor se le revela cuál es.  La especialidad que le asignan es curiosa e inesperada, pero tiene mucho sentido si uno lo piensa retrospectivamente: Quentin nunca fue realmente un chico físico.  Los que sabían hacer magia física a la perfección eran otros.  Él simplemente estaba ahí con ellos.  Pero esto nuevo que se le revelaba tenía mucho más sentido.

Eventualmente Quentin es expulsado de Brakebills por culpa de una alumna, Plum.  Como consecuencia de eso termina trabajando para un ser mágico que necesita que un objeto sea robado, en una proeza que parece imposible.  Para esta labor han juntado a un equipo de magos y seres -entre los cuales está Plum y un personaje más de la novela anterior- con distintas habilidades que se complementan y que en conjunto elaboran el plan perfecto.  No obstante, como es obvio, el plan sale mal y todo se desbarata.  En todo este proceso lo genial es cómo Quentin ha madurado.  Pero además, cómo aspectos de su etapa inmadura están presentes en el personaje de Plum y de un joven talentoso que participa del robo (personaje nuevo del que me gustaría saber más).  Mientras los demás están emocionados y nerviosos, Quentin está tranquilo.  Él ya se ha enfrentado a situaciones terribles, ha terminado mutilado en la batalla contra la Bestia en la primera novela, ha frenado a dioses en la segunda.  Es un tipo que ya ha visto el mundo y eso lo convierte en alguien maduro y mesurado.

Quizás lo mejor de The magician’s land es eso.  Pareciera como que la evolución de Quentin ya terminó al inicio de la tercera novela y todo el libro es una demostración de lo maduro que es ahora.  Los que están evolucionando aquí son los demás: Plum, Eliot (que pasa por un proceso parecido al que vimos en el libro anterior con Quentin), Janet.  Incluso los dos dioses creadores de Fillory tienen un arco muy interesante.  Y el más emocionante de todos y el que termina siendo el central de la novela: El de Alice.  Spoiler alert: Alice no estaba muerta.

De hecho, al final de la primera novela queda claro que ése es el caso.  Por los acontecimientos de The magicians, Alice termina convirtiéndose en un ser de pura magia, un niffin.  Éste es un ser de pura magia, pero también de puro odio y resentimiento.  En el caso de Alice, su odio es hacia Quentin, por lo que hizo en la primera novela.  Así que cuando éste descubre en The magician’s land que existe la posibilidad de traerla a la vida, invierte todo el tiempo y los recursos que puede en ese proyecto.

A partir de cierto punto de la novela todo gira alrededor de eso y de las consecuencias del éxito o fracaso de esa iniciativa.  Hay una amenaza mayor y hay un sacrificio inmenso que hay que hacer, pero esto termina siendo secundario.  Hacia el final de la novela lo importante es Alice y cómo salvarla y cómo devolverle su humanidad.  Además de su relación con Quentin en el nuevo contexto.  Cuando ella se volvió un niffin, él era un chiquillo irresponsable e inmaduro.  Ahora es un hechicero hecho y derecho, héroe para muchos. ¿Cómo reaccionará Alice ante este nuevo Quentin? ¿Lo seguirá odiando? ¿Volverá a quererlo? No lo sabemos.  Y la manera como lo vamos descubriendo es lo mejor de esta novela, creo.

Buen cierre a la trilogía, aunque está muy por debajo de la primera y de la segunda.  Pero no me quejo.  Sigue estando entretenida y profunda.  Además de que, claro, me da pena que con esto se cierre la saga.

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