Mildemonios

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Terry Pratchett, Eric

In .Inicio, Crítica on 20 agosto, 2015 at 3:38 PM

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Eric es la novena novela que escribió Terry Pratchett para su serie de fantasía Discworld.  En este caso su objetivo es burlarse de Fausto y de toda la tradición de los pactos con diablos y cosas por el estilo.  Y en un segundo plano hay una crítica al estilo de vida corporativo y altamente burocratizado.

Primero la historia.  El demonólogo de 13 años Eric convoca a las fuerzas del infierno -conocidas en Discworld como las Dungeon Dimensions– para ser el amo del mundo, para conocer a la mujer más hermosa que haya existido y para vivir para siempre.  Sin embargo, en vez de conseguir a un demonio que le pueda otorgar esos deseos, obtiene a Rincewind, el hechicero fracasado que ha protagonizado varias otras novelas de Pratchett y que se había quedado atrapado en esa dimensión.  Pero como el ritual fue hecho correctamente, igual Rincewind tiene que cumplir con lo que Eric le pide o no podrá ser liberado.

Por un lado Eric es una burla de los que buscan soluciones mágicas a sus problemas.  Por el otro, es una burla de la burocratización innecesaria, porque mientras Eric y Rincewind están cumpliendo deseos con trampa, en el infierno hay una especie de revolución.

Resulta que en el infierno un demonio noble ha decidido que el aburrimiento es la forma última de tortura, por lo que ha decidido promover la burocracia.  El infierno acaba de aplicar reingeniería y ahora tiene niveles y muchos papeleos para todo.  Por suerte Rincewind tiene experiencia en esto, dado que viene de una universidad altamente burocratizada, y logra salirse con la suya.

Eric no es de mis novelas favoritas de Discworld, pero por lo menos entretiene.  No me aburrió como The light fantastic o Moving pictures.  No es muy profunda, pero cumple con ser graciosa.  Por lo menos.

(Dibujito de arriba: http://io9.com/)

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Terry Pratchett, Mort

In .Inicio, Crítica on 5 marzo, 2014 at 6:43 PM

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La única novela de la serie Mundodisco escrita por Terry Pratchett que hay que leer en un orden especial es la primera, The colour of magic.  Es la única que tiene un orden especial: Tiene que ser la primera que leas.  Después, la segunda, The light fantastic, la puedes obviar tranquilamente.  Es una mala extensión de la primera.  Y la tercera, Equal rites, es sencillamente excelente e indispensable.  Uno de los mejores detalles de ésta es que se olvida momentáneamente de tanta pastrulada que se inventó y que funcionó tan bien en la primera, para pasar a proponer nuevos personajes, nuevos escándalos y nuevos problemas.  Con la cuarta, Mort, Pratchett regresa un poco a la línea que plantea en The colour of magic, pero sin pasar a ser repetitivo como con The light fantastic.  Es una buena cuarta novela, aunque me parece que está por debajo de Equal rites.  Muy por debajo.

Mort explora la vida de uno de los personajes que más llamaron la atención en las novelas anteriores de Mundodisco: la Muerte.

Las conversaciones que tiene la Muerte con Rincewind en The colour of magic no solamente son hilarantes -bajo el supuesto de que los hechiceros en el Mundodisco pueden ver a la Muerte y conversarle-, sino que tratan temas que tienen sentido.  Le dan un toque absurdo a la historia que cuadra perfecto en la forma como Pratchett cuenta las cosas.  Pero funciona porque está en pequeñas dosis.  Porque no es el centro de la historia, sino que es algo casual que entra y sale de la atención del lector.  En ninguna de sus intervenciones él es necesario para que la narración se siga desarrollando.  Es algo así como un espacio para refrescar la situación o para estirar el suspenso.

En Mort la Muerte es casi el personaje principal.  O en todo caso, está buena parte de la novela siendo el foco de la atención.  Al comienzo es gracioso, por supuesto.  Pero después de un rato cansa.  La Muerte no solamente se las sabe todas -es una especie de sabio conocedor del universo que tiene una respuesta para todo- sino que tú sabes que tiene todas las de ganar: Incluso los dioses mueren.  Después de un tercio de la novela, uno está ya cansado del personaje.

El personaje principal, por su lado, es el típico héroe de Terry Pratchett: Un chico que pasaba por ahí y que se debe enfrentar a circunstancias cósmicas que son mucho más grandes de lo que él puede controlar.  Mort es contratado para ser el asistente de la Muerte, sin saber que el plan es que lo reemplace eventualmente.  No obstante, Mort es humano y mientras la Muerte está disfrutando de su retiro, mete la pata.  La Muerte debe regresar a ordenar todo.

El rollo de Pratchett esta vez es la inevitabilidad de algunas cosas.  Todos vamos a morir, no importa quiénes seamos.  Todos vamos a jubilarnos en algún momento.  Mort trata de estirar tal o cual cosa, pero termina empeorandolo todo.  Parte de su trabajo es aceptar que hay cosas que son inevitables, una condición que es muy poco humana.  Pratchett plantea (y me parece que éste es el detalle que salva a la novela) que los humanos por naturaleza hacemos todo lo posible por evitar lo inevitable.  Y que en ese proceso somos capaces de las atrocidades más terribles, pero también e los inventos más geniales.

En resumen, Mort no es excelente, pero pasa.   Y tiene partes muy graciosas.

(Dibujito de arriba: http://mythwood.blogspot.com/)

The light fantastic, Terry Pratchett

In .Inicio, Crítica on 13 abril, 2012 at 6:18 PM


Yo descubrí a Terry Pratchett durante un viaje.  En una época en la que casi no llegaban comics a Lima, estaba en el extranjero en una librería inmensa -de esas que ahora ya hay aquí, pero que a inicios de los noventas no había-, en la sección historietas.  Ahí encontré una novela gráfica que me encantó y que releí varias veces.  Se trataba de una adaptación de la primera novela de Pratchett ambientada en el Mundo Disco, The colour of magic.  La primera aventura de Rincewind me pareció un giro novedoso en un género que parecía estarse repitiendo (esto fue antes de la publicación de las novelas de Harry Potter).  Luego me conseguiría la novela en la que se había basado la novela gráfica.  También me encantó.  Y después le encargué a un pariente que viajaba al extranjero que me traiga la segunda novela de Mundo Disco, The light fantastic.  Y ahí mi emoción se redujo de golpe.

Claramente Pratchett quiso repetir la fórmula.  No obstante, algo que en The colour of magic funciona a la perfección (un viaje disparatado a través de un mundo inexplicable con reglas ridículas), en The light fantastic cae un poco pesado.  Como que más de lo mismo no siempre es una buena idea.  De todas maneras, es una lección que Pratchett aprendió de inmediato, porque no se vuelve a repetir.  La tercera novela de la serie Mundo Disco, Equal rites, transcurre durante un viaje, pero no es sobre un viaje.  Además, tiene una trama de fondo mucho más sólida, algo que en The light fantastic falta a gritos.

En esta segunda novela regresan Rincewind, Twoflowers, el Equipaje y Cohen el Bárbaro.  Los que hayan leído la primera hasta el final se pueden preguntar cómo es eso posible.  No importa, el caso es que regresan y tiene que ver con uno de los ocho hechizos de la creación, el cual está alojado en la cabeza de Rincewind.  Hay una amenaza y a menos que los ocho hechizos sean dichos, Mundo Disco dejará de existir.  Pero hay un rollo con un poder que se liberará cuando los hechizos se digan, que hace que distintos magos compitan por ser los que agarren a Rincewind.  Sobre esa base arranca otra travesía disparatada durante la cual el pragmático Rincewind pasará vergüenzas, el inocente Twoflowers siempre se saldrá con la suya sin darse cuenta y Cohen no podrá morir en batalla por más que lo intente.  Además de que se encontrarán con nuevos personajes con historias personales amenas.

Como digo al comienzo, a mí personalmente me preció más de lo mismo.  Por suerte Pratchett aprende rápido.  Las siguientes novelas son mucho más centradas y pensadas.  Ya no una repetición de la primera aventura alocada con la que tuvo tanto éxito, sino verdaderas novelas con trama, estructura y evolución de personajes.  A partir de aquí, las novelas de Mundo Disco solamente mejoran y mejoran.