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John Harrison, Frank Herbert’s Dune (2000)

In .Inicio, Crítica on 15 junio, 2022 at 8:36 PM

A inicio de los dos miles la televisión había descubierto que si usaba las nuevas técnicas menos perfeccionistas de hacer efectos especiales que en Hollywood ya no eran novedad, podían salirse con la suya haciendo producciones que antes habría sido impensables. En 1998, por ejemplo, se habían salido con la suya haciendo una maravillosa versión de Merlín (que comento en este enlace de mi otro blog). Una producción llena de magia y de efectos y de seres fantásticos que no habría sido posible hacer diez años antes. Con un final impresionante y muy impactante que no habría funcionado si segundos antes no te mostraban todo el poder que tenía a su disposición la villana.

Después de Merlín, otros canales y otras productoras trataron de explotar este nuevo modelo: Miniseries de historias conocidas ya contadas, pero con la magia de estos efectos especiales que aun eran novedad para los televidentes. En ese sentido, algunas novelas pedían a gritos ser adaptadas. Había el proyecto de hacer una de Lord of the Rings, por ejemplo. Pero se complicaba legalmente. Y la otra que siempre se buscaba era Dune.

Era cuestión de tiempo antes de que se intente. Dune lo tiene todo para ser una gran historia épica emocionante (la novela la comento en este enlace). El fracaso de Jodorowsky en producir su versión (que comento en este otro enlace) y la decepción de la película de Lynch (que comento aquí), hacer una miniserie bien hecha de Dune parecía ir a lo seguro. ¿Qué falló entonces?

Tengo amigos que la defienden, pero a mí no me parece un buen producto. Es una adaptación que cumple. Están todos los personajes y están todos los hechos relevantes. Es una adaptación bastante fiel. El problema es que es aburrida. Hay diálogos que no aportan nada, excepto la satisfacción de que se está incluyendo todo lo que se puede.

Para entender mejor qué pasó, hay que entender que éste fue un proyecto encargado a John Harrison, un guionista y director con mediana experiencia en televisión. Había escrito capítulos para las series Tales from the Crypt y Tales from the Darkside, entre otras. Pero nada sobresaliente. Y en cuanto a la dirección, tenía experiencia dirigiendo capítulos de estas dos series y de Earth 2. Nuevamente, nada sobresaliente. De hecho, después de Dune tampoco ha hecho nada sobresaliente.

Es decir, Sci fi Channel y las empresas involucradas en esta producción decidieron traer a alguien estándar que se mantendría dentro del plan de adaptar la novela y nada más. En cambio, para Merlin la competencia se trajo a Steve Baron, director de muchísimos videoclips en MTV, con un estilo visual muy innovador para su época. Para el guión de Merlin trajeron a un veterano que habría escrito incluso para Matlock y lo combinaron con otro veterano de Hollywood al servicio de una historia que había sido escrita por Edward Khmara, una leyenda en su momento, que había escrito Enemy Mine de ciencia ficción, la biográfica Dragon: The Bruce Lee Story y la épica Ladyhawke.

Es decir, para Dune no se arriesgaron. Fueron a lo seguro. Y en el resultado se nota. Dune es aburrida, lenta, pegada a la letra. Visualmente tampoco llama la atención. La novela de Frank Herbert da muchas oportunidades para ofrecer diseños impresionantes. Harrison no se atrevió o no tuvo el presupuesto. Una pena. Los fans seguían sin estar satisfechos.

David Lynch, Dune (1984)

In .Inicio, Crítica on 23 marzo, 2022 at 12:23 AM

La intención de adaptar a la pantalla Dune venía de hacía años. Se había perseguido por décadas. Jodorowski había tratado de armar un proyecto que le tomó un montón de tiempo y que llegó a tener involucrados a varios artistas reconocidos, pero dado que Jodorowski es Jodoroswki, su iniciativa terminó siendo una locura infilmable (la comento en este enlace). Y así se quedó por un tiempo. De pronto, Dino de Laurentiis tenía los derechos de las novelas. El productor italiano que había sacado adelante otras adaptaciones difíciles como Flash Gordon (1980) y Conan The Barbarian (1982) estaba viendo la manera de filmar Dune y eso emocionó a muchos.

Filmar Dune seguía siendo una locura, pero ahora tenía un productor encima reconocido por hacer viables esta clase de disparates justamente. No solo eso, sino además por volverlos éxitos comerciales. De Laurentiis había sido el responsable de grandes éxitos como Barbarella (1968) con Jane Fonda, Blue Velvet (1986) con Kyle MacLachlan, King Kong (1976) con Jeff Bridges, Orca (1977) con Richard Harris, entre otras muchas.

En 1976, inmediatamente después del colapso del proyecto de Jodorowski De Laurentiis lo intentó una primera vez. En esa ocasión contrataron al mismo Herbert para que escribiera el guión, pero su propuesta terminaba durando tres horas. Era demasiado y el guión no era bueno. El productor italiano comprometió entonces a Ridley Scott para que trabajara con Rudy Wurlitzer en un nuevo guión. Scott estaba fresco de Alien. Propuso dividir el proyecto en dos películas. Trabajaron en tres versiones hasta que abandonó el proyecto para irse a hacer Blade Runner. Según Scott, hacer Dune iba a tomar demasiado tiempo y él no estaba dispuesto a dedicarle tanto.

En 1981 De Laurentiis renegoció los derechos de la novela y se juntó con Universal. Decidieron ofrecerle el proyecto a David Lynch, que acababa de tener éxito con The Elephant Man. Lynch en ese momento era bastante solicitado. En cierto momento estuvo vinculado a The Return of the Jedi, por ejemplo. Trabajó por meses con otros guionistas hasta que al final quedó solo y pulió el guión final que sería el que se terminaría filmando. La idea que tenía era filmar un Star Wars para adultos.

La película se filmó en seis meses y a la hora de editar comenzaron los verdaderos problemas. La edición preliminar era de cuatro horas. Aún así Lynch tenía la intención de cumplir con su ofrecimiento de una versión de tres horas. Los estudios comenzaron a presionar para que no pase de las dos horas. Lynch y De Laurentiis colaboraron para reducir escenas, volver a grabar algunas otras con mejor exposición, crearon una introducción en voz en off que no estaba originalmente planeada, etc. Después de todos los trucos, se logró el objetivo.

¿Por qué me detengo tanto en el proceso de la producción, en vez del contenido mismo? Porque esta película está definida por sus limitaciones. Muchos la tratan como una basura (el mismo Jodorowski incluido), pero eso es solo la superficie. En esta película hay muchos elementos bastante buenos. Las actuaciones, por ejemplo, son de primera. McLachlan como Paul Atreides rompe un poco con la metáfora de la maduración de un héroe, siendo un actor mayor cuando asumió el encargo. Trata de hacerlo ver como jovenzuelo al comienzo, pero no puede evitar verse como un héroe de acción maduro. Aun así, actúa muy bien. Incluso las escenas de acción con peleas cuerpo a cuerpo están bien coreografiadas.

Én esta película hay un contraste entre la exuberancia y la excentricidad de los Harkonnen (la casa noble malvada) y la sutileza de los Atreides (la buena). Los actores interpretando a personajes Harkonnen son parodias, caricaturas. Y está bien, ésa era la idea. Brad Dourif es un maestro interpretando al consejero cruel, pero conteniéndose para no ser más cruel. Muchos lo reconocerán como Gríma Wormtongue en Lord of the Rings, repitiendo un papel similar. Sting como el sobrino hambriento por destruirlo todo, Kenneth McMillan como el barón sádico. Todo es una ilustración exagerada de la decadencia.

Al otro lado tenemos a los Atreides, que son los correctos. Sutiles, calmados, equilibrados. Paul es la cúspide de ese estilo de vida. Todos a su alrededor le están enseñando a serlo. Desde su madre, hasta su profesor de música. MacLachlan es muy bueno en mostrar que sí, que Paul es calmado y pensativo, pero que además tiene un conflicto interno poderoso. Él no quiere ser así, pero no le queda otra opción. Vive en un mundo en el que no tiene otra opción.

Los diseños también son geniales, por lo menos así me parece. A muchos les molesta que no fuera más similar a Star Wars, con batallas aéreas y saltos acrobáticos. Pero Lynch estaba tratando de hacer otra cosa. Los espacios son abiertos, los diseños son más geométricos. Incluso el ornicóptero -el medio de transporte de los Atreides- es básicamente una caja con alas. Eso hace contraste con lo recargado de los adornos de los palacios y de otros detalles, típico de las producciones de Dino De Laurentiis. Para su época decepcionó, pero a mí por lo menos me parece que funciona. Ése no es el problema de esta película.

En contra a lo que dicen muchos, Dune no fue un fracaso comercial. Recuperó el dinero invertido -que era un montón para su época- y logró hacer utilidades. Lamentablemente, la crítica se le fue encima y nadie quiso hacer una continuación. No obstante, nos sacamos la espina de tener una adaptación de esta novela. Tendrían que pasar un par de décadas para que alguien lo intente nuevamente, solo que no para la pantalla grande, sino para un canal de cable.