Mildemonios

La horde, Yannick Dahan

In .Inicio, Crítica on 28 octubre, 2011 at 2:55 PM

El domingo fui a ver La Horde, una película francesa de zombies. Me interesaba porque en varios foros mencionaban que era original, a pesar de tratar un tema que ha sido abordado por montones de películas antes: La sociedad se ve amenazada por una plaga que convierte a la gente en cadáveres andantes que buscan comer carne humana viva.  O sea, la amenaza zombie, como se plantea desde el primer film de George Romero en 1968.

La Horde efectivamente es original en el sentido en el que muestra cómo reacciona gente que es básicamente amante de la violencia.  Usualmente las películas de zombies muestran cómo reacciona la gente común y corriente.  Dawn of the dead, Night of the living dead, 28 days later, etc… Las principales películas de muertos vivientes que le podría venir a uno a la mente cuando piensa en el género suelen tener como protagonistas a camarógrafos, comerciantes, vendedores de tiendas, maestras, etc.  O sea, es poco común que sea protagonizada por alguien que ha sido entrenado para la violencia.  Quizás la excepción sean los filmes de la franquicia Resident evil… Pero La Horde es distinta en el sentido en el que los protagonistas aquí no solamente son versados en la violencia, sino que la aman.

La película comienza con una incursión de cuatro comandos de la policía que ingresan a un edificio viejo en el que saben que se refugia una banda de criminales para ejecutarlos.  La incursión sale mal y los policías son capturados por los criminales.  Y entonces llegan los zombies.

La reacción de los criminales y de los policías es mucho más ofensiva que la típica reacción defensiva de los protagonistas habituales de las películas de zombies.  Ni qué decir de la reacción de algunos de los vecinos del edificio en el que transcurre todo, los cuales están habituados a la violencia y saben lo que tienen que hacer.  Entre ellos sobresale René, un veterano de guerra gordo que adora cada momento de la situación, porque le permite regresar a la acción.

Hay harto de Dobermann en La Horde.  Estos tipos son básicamente unos salvajes y están dispuestos a las brutalidades más indescriptibles para sobrevivir.  Pero además, como decía arriba, les gusta la violencia, así que por momentos ni siquiera necesitan excusas para arrancar con la carnicería.  La tensión en ese sentido es, me parece, bastante bien lograda, porque si bien todos tienen que colaborar para poder sobrevivir, son enemigos naturales: criminales, policías y vecinos oprimidos.  Tampoco está ausente la crítica social.  El reiterativo mensaje aquí es que la sociedad es la que genera a estos especímenes y que luego no debe quejarse si no hace nada al respecto.

Hay unas cuantas escenas que se estiran demasiado.  Por ejemplo, una en la que René dispara con una metralleta pesada contra zombies en un pasillo.  Los zombies siguen viniendo y siguen viniendo por lo que parece demasiado tiempo, mientras uno de los criminales y una policía están tratando de abrir una puerta. O la secuencia en la que salen al techo del edificio y ven lo que está pasando con la ciudad.  Se estira demasiado en tomas de las caras de los protagonistas para, luego de varios minutos, recién mostrar una toma de lo que están viendo.  Para el espectador estas secuencias pueden resultar algo tediosas.

Pero por otro lado, hay secuencias que son memorables.  La del policía que se sube al techo de un carro para pelear con una multitud de zombies desde ahí es perfecta: la música, los giros de la cámara, las caras del policía y de los zombies, etc.  Y el final.  No se los voy a arruinar, vayan a verla (aún está en cartelera en horarios que ya habría querido tener Las malas intenciones en su segunda semana).  Pero estén atentos a la última bala que se dispara en toda la película.  Es un final cantado y que se ha adelantado de varias maneras, pero aún así sorprende.  Muy bien hecho.

Actualización 28/10: En Facebook me hacen recordar que cuando colaboré con Voten Camotes recomendando diez películas de zombies, no incluí La Horde y ésta me fue recomendada por Carlos Saldívar.  Eso es correcto.  Si no hubiera sido por su recomendación, sabe dios si hubiera ido a verla al cine.

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