Mildemonios

Heraldo 03: El ataque de los roedores parlantes

In .Inicio, Crónica on 14 octubre, 2011 at 5:06 PM

Este dibujito de aquí arriba lo hice cuando estaba preparando mi segunda novela, El heraldo en la barca.  Se llamaba Chayna y me dio muchos problemas imaginármela visualmente.  O sea, es fácil escribir algo que no sabes cómo se vería, pero yo quería saber no solamente cómo se veía, sino además cómo caminaba, de qué color era, etc.  Creo que en la literatura de fantasía eso es importante, porque así después evitas cometer contradicciones. Y bueno, a Chayna la creé porque dentro de la historia que se contaba en la novela necesitaba un personaje bastante específico que cumpla una función bien definida.  Pero no solo eso, debía pertenecer a una especie de seres que introducía por primera vez con ella, así que la tarea era más difícil aún.

No sé si me habrá ligado, pero al final me dio la impresión de que estos seres tenían potencial y para mi siguiente proyecto, título provisional El heraldo en la casa, decidí darle exposición a la sociedad de la cual venía Chayna.  Esto representaba un problema, porque en La barca se cuenta que su mundo fue invadido y que tuvieron que huir.  Lo que podía mostrar, en todo caso, eran los refugiados o sobrevivientes de la invasión.  Pero aún así pensé que sería chévere hacer el intento.

Así es que en La casa los personajes principales se relacionan con una serie de personajes que permiten proyectar cómo era que funcionaba esta sociedad.  Pero, nuevamente, imaginárselos se me hizo complicado.  Para eso nuevamente preferí dibujarlos.

Uno de los aspectos de esta sociedad que se llega a ver es una mancha de obreros y de constructores.  Aquí uno de ellos.

Y aquí uno de los cazadores, parte de un grupo totalmente distinto.  Me parece interesante cómo sin querer a cada uno le chanté orejitas distintas.  Y ahora que lo veo en retrospectiva, tiene sentido.  Un personaje más impulsivo y más de acción tendría sentido que tenga orejas más puntiagudas e inclinadas hacia atrás.  No sé por qué.  En cambio, el constructor, que es más reflexivo y cauto, tiene orejitas más redondas.  Detalles sonsos.

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