Mildemonios

Larga vida al juego de rol

In .Inicio, Crónica on 19 agosto, 2011 at 2:34 PM

Si sabes lo que es un juego de rol, pasa al tercer párrafo.  Si no sabes, aquí te lo pongo en sencillo.  Los juegos de rol empezaron siendo una recreación en la que los jugadores fingían ser personajes diseñados al comienzo de una partida para luego tener aventuras imaginarias.  Desde entonces a ahora, se han ido volviendo más y más complejos, al punto en el que definir las características del personaje con el que jugarás puede tomar un par de horas.  Tienes que escoger qué clase será (si estás jugando en el set típico de calabozos y dragones, por ejemplo, tienes que escoger entre hechicero, guerrero, monje, etc.), qué raza será (humano, elfo, enano, etc.) y muchos otros detalles.  Cada decisión que tomas en ese proceso trae una serie de consecuencias que harán que tu experiencia durante el juego sea distinta.

El caso es que es un entretenimiento que puede ser bastante cautivador.  Conozco gente que por periodos de su vida solamente hablaba de rol y de nada más que de rol.  Otros lo llaman abiertamente “el vicio”, as in “¿este fin de semana tienes tiempo para el vicio?”.  Y es que cuando uno empieza jugando tiene un personaje que con dificultad podrá matar a un lobo que lo ataca en el bosque, pero conforme va ganando experiencia (medido en puntos de experiencia), se va volviendo más poderoso y esto, a su vez, lo vuelve más divertido, porque tienes más opciones de acción.

Tercer párrafo: Además hay un elemento adicional.  Conforme uno va jugando, quiera o no, su personalidad se va proyectando en el juego.  O se repotencia quien eres o se accede a una forma de ser que uno querría ser en la vida real.  Y por eso encontrar el grupo de personas adecuado para jugar rol y para sacarle el máximo de provecho no es tan simple.  Por ejemplo, cuando yo aprendí a jugar rol hace ya varios años, jugaba con un grupo de amigos que eran en extremo competitivos.  Cada decisión la pensaban bastante, lo que hacía que las batallas sean un desafío estratégico que no se imaginan. Y debo aceptar que a mí me encantaba, sobre todo porque en la medida en la que se coordinan acciones en los combates, se puede acceder a posibilidades tácticas que el jugadores -o el que escribió la aventura que se está jugando- contra el que te estás enfrentando no hubiese pensado jamás.

Después de jugar casi todas las semanas con estos patas por dos años, pasé a jugar con un grupo de gente que era mucho más histriónica.  Mucho menos riguroso con las reglas, sino más bien con “cómo debía ser el personaje”.  Había que hablar como hablaría, no se aceptaban acciones que se consideraba que el personaje como estaba definido no habría tomado, etc.  También tenía su gracia.  Pero a mí lo que me gustaba era lo otro.  Estar pensando en la siguiente movida y en las posibilidades y en las opciones de coordinación con los demás, etc.  Y ahí reside una de las grandes virtudes de los juegos de rol: Se puede acceder a ambos tipos de experiencia, dependiendo de lo que a ti te gusta.  Pero tienes que buscarte un grupo de amigos con el mismo interés.

Y luego dejé de jugar rol por varios años.

Esto hasta la semana pasada que los amigos de Dragones del Sur cumplieron sus 10 años de estar dando vueltas promoviendo el juego de rol.  Y lo celebraron tomando la tienda Game Zone del centro comercial Caminos del Inca, poniendo mesas y haciendo jugar rol a los que se acercaban por un día entero.  Yo llegué un poco tarde y me alcanzó el tiempo para una partidita de una variación que no conocía, Changeling – The Lost.  Aquí en la foto de abajito estoy en una mesa jugando, pero no les diré donde para ver si además reconocen las siete diferencias.

Se puede decir mucho de los juegos de rol: Que son un vicio, que son peligrosos, etc, etc.  Pero algo que me parece indiscutible es que son una patada de impulso a tu creatividad.  Te obliga a imaginarte cómo sería una cosa u otra o cómo sería tal personaje o cómo reaccionaría en tal situación, etc.  Para que funcione te obliga a imaginarte una serie de cosas que puede ser un trampolín para de ahí ir a hacer algo más (en mi caso, seguir revisando y corrigiendo el primer borrador de una novela que quiero publicar el próximo año).  O puede ser un pozo sin fondo en el que te tiras toda la creatividad que tienes disponible.  Ya depende de ti.

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