Mildemonios

Coliseo, Alejandro Rossi

In .Inicio, Crítica on 12 agosto, 2011 at 2:11 PM

Yo no conozco mucho del mundo de los concursos de danzas folklóricas y tampoco entiendo muy bien los detalles de la danza huaylarsh, que son el contexto dentro del cual se mueve la película Coliseo de Alejandro Rossi.  Pero sí conozco bastante bien -como la mayoría de los peruanos, creo- el conflicto entre los puristas de una expresión artística típica peruana y los artistas jóvenes que quieren desarrollar su propio estilo.  Ése es en realidad el tema central de la película.  Don Tomás es el dueño de una carpa de música folklórica llamada Coliseo, en donde se presentan bailarines y músicos típicos, pero que está venida a menos.  Su nieto, Marcial, es un danzante de huaylarsh talentoso, pero que se peleó con Tomás hace mucho porque éste no le dejaba bailar a su manera por purista: Solo hay una manera de bailar huaylarsh y cualquier variación es considerado un error por el abuelo.

Si bien ése es el tema central de la película, ésta tiene un elemento que me llamó muchísimo la atención y que, por cierto, es la razón por la que la fui a ver en el Festival de Cine de Lima: Es una película positiva.  La historia que se forma alrededor de ese tema central es la ilusión de un grupo de bailarines allegados a Tomás que se organizan para poder participar en una competencia de huaylarsh y así poder ganar el dinero que necesitan para salvar Coliseo.  No obstante, este grupo, liderado por Esperanza, sabe que necesita la ayuda de Marcial para poder mejorar.  El problema: Marcial forma parte del grupo de danza que siempre gana la competencia, pero que baila huaylarsh “moderno”.

En cierto momento Esperanza -que es devota del anciano Tomás- le dice a Marcial que lo que él hace con su grupo ya no es huaylarsh y que deberían llamarlo de otra manera.  Marcial le responde que no debe olvidar que la cultura es algo vivo y que tiene que evolucionar.  Esta idea se vuelve a repetir en varios momentos.  Por ejemplo, cuando Marcial le habla a los jóvenes de Coliseo y les dice que el huaylarsh moderno es rebelde y provocador, uno de los chicos le pregunta por el “huaylarsh antiguo”.  Y Marcial le responde molesto que eso ya no importa, llevando su posición al extremo.  Este film aboga muy inteligentemente por ambos bandos de esta discusión a lo largo de la historia.

Como decía, la película es positiva.  Tiene un aire de ilusión inocente que no llega a ser ingenuo, algo muy poco común en el cine peruano, tan acostumbrado a repetir películas de denuncia o de exposición del estilo de vida típico del peruano que sufre o del peruano con vida vacía.  Aquí el tema central es la cultura peruana y el enfrentamiento entre dos acercamientos a la misma: la purista y la moderna.  Pero por encima de eso hay un mensaje claro de que con persistencia y con voluntad se sale adelante (secundado por las secuencias de Marcial progresando por su cuenta trabajando en el sector construcción).  De hecho, Rossi cuando habló en el Festival mencionó que su intención era llevar alegría a la cultura peruana.  Me parece una muy buena frase y un objetivo loable en un medio acostumbrado a apenas dos modelos de películas.

Los actores cumplen y algunos sobresalen (Tomás, Marcial, Esperanza y la abuela Luz, interpretados por Jorge Rodriguez Paz, Luis Enrique Gastelú, Noelia Ramirez y Delfina Rodriguez, respectivamente, hacen un excelente papel).  Tomen en cuenta que la mayoría de ellos no solamente actúan, sino que además deben bailar y cantar.  Además, tiene secuencias en las que salen artistas reconocidos como Damaris y William Luna, que también creo que le añade mucho.  Y de lejos se nota que Rossi y su equipo sienten pasión por el tema, lo cual es genial.  En Cinencuentro pueden leer algo al respecto del proceso que dio como resultado esta película.  Y para que se hagan una mejor imagen, aquí les incluyo el trailer.

Comentario aparte merece el final de la película.  Personalmente considero que está genialmente escrito (no voy a spoilear, pero me encanta el detalle de la danzante adicional que incluyen en la presentación final-final, así como el resultado de la competencia misma y todo lo que ahí sucede), el impacto del mensaje pierde mucho por la manera como Aristóteles Picho interpreta a su personaje.  Aristóteles Picho, algo así como el Samuel L. Jackson peruano, tiene el difícil papel de interpretar al empresario que no es malo -se dedica tiempo del film a explicar sus motivaciones y a blanquearlo- y que representa la amenaza concreta para Coliseo (ha comprado la hipoteca, porque quiere ese terreno para construir algo).  Su interpretación puede ser profunda, pero no cuadra con el planteamiento de la película o con la manera como los demás están planteando a sus personajes. Además de que sus apariciones demasiado convenientes.

Por lo demás, es una película muy recomendable.  Ojalá la pasen en el cine y la promocionen como se lo merece.

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