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Myke Cole, Shadow ops: Control point

En .Inicio, Crítica el 16 mayo, 2013 a las 4:37 PM

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En un post anterior comentaba por qué el contexto hace de Myke Cole un autor particularmente interesante, en la medida en la que escribe sobre algo acerca de lo cual tiene una aproximación particupar.  No obstante, hasta ahora no había comentado nada sobre el libro mismo que escribió, Shadow ops: Control point.

Es una novela de fantasía que parte de la idea de que en el pasado cercano hubo un fenómeno que se golpe hizo que a distintas personas alrededor del mundo comenzaron a mostrar poderes sobrenaturales.  Algo similar a lo que plantea la película X-Men de Bryan Singer.  No obstante, esto poderes se manifiestan en personas de todas las edades, de todos los entornos y sin distinguir religión, raza o lo que sea.  Y un detalle importante: Los poderes que se manifiestan son de una variedad limitada.

En el libro se llaman “escuelas”.  Hay cinco escuelas legales: pyromancia, hydromancia, aeromancia, terramancia y physiomancia.  Uno no decide qué poder se le manifiesta.  Si te tocó aeromancia, chévere, porque vas a poder volar.  Si se te manifiesta physiomancia, bacán, porque puedes curar gente.  Y así.  Pero también hay escuelas prohibidas.

Las prohibidas son necromancia, negramancia, portamancia, conjuración de elementales, physiomancia ofensiva, susurrar.  Cada una tiene su gracia y su efecto en el que ejecuta la magia.  Si tuviste la mala suerte de que se te manifestó una de estas escuelas, tienes que reportarte a las autoridades.  Y entonces desapareces.  El gobierno hace algo contigo que el público no conoce.  Esto hace que cuando a alguien le pase, lo primero que piense es darse a la fuga, porque hay muchos rumores al respecto.

Como planteamiento tiene su gracia.  Por supuesto, el personaje principal es un militar en quien se manifiesta una escuela prohibida: la portamancia.  O sea, puede manifestar portales a voluntad (cuando aprenda a controlar su poder, por supuesto) y trasladarse de una parte del mundo a otra.  Además, puede usar sus portales como arma y cortar a la gente en dos (haciendo que una parte vaya a parar a otro lado).  En realidad, se trata de un poder al que hay que tenerle miedo.  Y el ejército norteamericano le perdona la vida a cambio de que preste servicio.

La trama se traslada entonces a un mundo paralelo del cual viene la magia.  Es una especie de Tierra Media en la que el ejérctio norteamericano está tratando de establecer un puesto de avanzada.  Como una colonia.  No obstante, en ese mundo hay nativos que le hacen la guerra.

Pero ése no es el conflicto de la novela.  El conflicto está en el personaje principal, que siendo militar primero traiciona su código, después enfrenta las consecuencias y después constantemente está considerando traicionarlo de nuevo.

No obstante, el jale de Shadow ops: Control point no es ése.  Si por algo recomendaría este libro es por la incorporación de una mentalidad militar única del autor a los rollos y al conflicto.  Myke Cole ha sido militar y conoce cómo piensan los militares.  La novela, siendo harto introspectiva, da un montón de insights a lo que el personaje piensa y cree y cuestiona.  Toda esa parte es excelente.

(Dibujito de arriba: http://pajasdmono.blogspot.com/)

El elemento militar en la literatura de fantasía y ciencia ficción

En .Inicio, Crítica el 3 abril, 2013 a las 5:27 PM

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Debo confesar que parte de la razón por la que me gusta la novela Shadow ops: Control point tiene que ver con la forma como me enteré que el autor Myke Cole existía.  Verán, en el 2012 tuve la suerte de poder ir a la convención de comics de San Diego, comúnmente conocida como Comicon.  Ese evento está compuesto en realidad de dos realidades paralelas independientes entre sí: 1. Una especie de feria en la que editoriales, empresas y artistas exponen su trabajo. 2. Una caótica aglomeración de charlas y exposiciones hechas en varias salas.

En una de esas charlas conocí a Myke Cole.  Se trataba de una conferencia acerca de literatura de fantasía y ciencia ficción de corte militar.  Ahí hablaron autores de literatura de ciencia ficción y fantasía que tuvieran componentes militares.  Estuvieron también Joseph Nassise, Taylor Anderson, Jack Campbell, Harry Turtledove y S. J. Kincaid.

Estos patas han venido publicando varias novelas de fantasía y ciencia ficción con componentes militares y bélicos y se mandaron hartos comentarios sobre cómo realmente se debe abordar esa temática para que sea creíble.  Por ejemplo, Turtledove (que viene publicando desde el año 1979, o sea, no es moco de pavo), comentó que no hay historia más interesante que un personaje sometido a presión.  Y que solo hay dos tipos de presiones que llaman la atención realmente: La de que el personaje se enamore y la de que el personaje se encuentre en el medio de una batalla.  No obstante, para que el segundo tipo de presión funcione, tiene que ser creíble y someterse a una serie de reglas.

Por su lado, Jack Campbell (que tiene tres series de novelas: la serie Lost fleet, la serie JAG in space y la serie Stark’s war) comentó otra cosa que me pareció interesante.  Él habló acerca del sentido de las guerras que duran demasiado. ¿Han leído novelas sobre guerras épicas que duran varias generaciones? Según Campbell, eso no tiene sentido.  Si una guerra dura lo suficiente, se mueren todos los héroes y guerreros experimentados. ¿Quién le va a enseñar a la siguiente generación cómo pelear? ¿Quién toma las decisiones luego?

Entre esta gente estaba Myke Cole, este nuevo autor que apenas había escrito una novela: Shadow ops: Control point.  Era algo así como el calichín de la mancha.  Y él no se mandó con rollos muy metafísicos, sino que más bien se mandó con un floro personal.  En otro post les comento lo que habló.

(Dibujito de ariba: http://artofbranislav.blogspot.com/)

Carlos Calderón Fajardo, El viaje que nunca termina

En .Inicio, Crítica el 14 marzo, 2013 a las 5:25 PM

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El escritor Carlos Calderón Fajardo es un maestro.  Creo que es uno de los mejores narradores peruanos que tenemos vivos y que es muy menospreciado por los medios en general por estar ubicado en el género de terror.  Si Calderón Fajardo hubiese nacido en un país en el que no hay un fetiche por la literatura realista, hace rato que lo hubiésemos elevado a nivel de valor nacional o algo por el estilo.

Muestra de la genialidad de Calderón Fajardo es esta novela corta, El viaje que nunca termina.  Si bien el tema principal puede sonar algo oportunista, la narración compensa completamente esto.  Es importante (pero no indispensable) conocer el contexto en el que esta novela fue escrita.  Para eso chequeen la entrevista que le hice a este autor el año pasado, en el que cuenta precisamente cómo se le ocurrió escribir sobre Sara Ellen.

El viaje que no termina es la historia de Sara Ellen saliendo de Londres en una travesía que eventualmente la llevará a Pisco.  El viaje en sí mismo no es tan impresionante.  Lo que sí es genial es la forma cómo se cuenta la historia.  Vamos, todos sabemos cómo va a acabar esa historia.  Lo que no sabemos es si Sara Ellen realmente es una vampira o si está loca y se cree vampira.

Pues bien.  Lo que me pareció excelente es que el narrador imaginario comienza convencido que Sara Ellen está loca y que no es ninguna vampira.  Y poco a poco va migrando a una narración más fantástica, hasta que al final se cuentan sucesos fantásticos como si fueran naturales.  Esta transición es gradual y muy sutil.  Solo por este detalle vale la pena darle un vistazo a esta novela.  Ni qué decir de la historia misma que está contando, que es bastante interesante.

(Dibujo de arriba: http://www.patchoforange.com)

Max Brooks, The extinction parade

En .Inicio, Crítica el 6 marzo, 2013 a las 7:33 PM

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Hace ya un par de meses terminé de leer The extinction parade, un libro que en castellano publicaron como La marcha zombi.  Se trata de cuatro relatos que Max Brooks escribió para distintos destinos y que se han recopilados en una sola publicación.  Como ya he mencionado anteriormente, Brooks es el indiscutible maestro actual del subgénero de la literatura sobre zombies.  Pocos han podido agarrar preocupaciones actuales mundiales y plasmarlas de manera simbólica en cuentos y novelas y libros con zombies.  Algo que solo había podido hacer antes el mismo George Romero.

Pero no solo eso, sino que además Brooks es un excelente narrador.  En los cuatro casos te mete al mundo post apocalíptico (en los cuatro casos, se puede leer el texto como si fuera un capítulo más de su libro World War Z) de golpe, en menos de dos párrafos.  Y usa los clichés del sub género a su favor, dejando de parar para explicar de qué se tratan varios de los asuntos.  Vamos, todos sabemos que los zombies son tontos.  Así que, ¿para qué detenerse a explicarlo?

Los cuatro cuentos son particulares por distintas razones.  El primero, que le presta su nombre al título dle libro, es relevante porque por primera vez en la mitología Z de Max Brooks introduce un nuevo ser sobrenatural: el vampiro.  Según este cuento, ha habido vampiros viviendo entre nosotros de incógnito desde hace muchísimo tiempo.  Pero cuando arranca la epidemia que es descrita en World War Z, al comienzo no le dan importancia y después simplemente no saben qué hacer.  Después de todo, los vampiros han estado viviendo como parásitos de la sociedad humana desde hace tanto tiempo, que sencillamente no saben qué hacer por su cuenta para ayudar a los humanos (su fuente de alimento) a sobrevivir esta crisis.  Es un excelente relato.

El segundo cuento tiene sentido solamente si has leído World War Z.  Es una profundización de cómo fue que la población china sobevive a la epidemia zombie.  Como recordarán, según Brooks la epidemia se inicia en China.  No obstante, ellos sobreviven a la plaga.  Así que faltaba explorar cómo fue que hicieron.  En este cuento de The extinction parade se explica que lo que hicieron fue utilizar la Gran Muralla China a su favor.  no obstante, para poderla poner a punto, hubo que hacer una serie de sacrificios y de proezas que son narradas en detalle aquí.

El tercero es más bien cruel y me parece que es una crítica bien irónia a los que dicen que harán grandes proezas cuando llegue la epidemia zombie, pero que a la hora de la hora se quedan paralizados por el miedo.  Se trata de un cuento que comienza de una manera y termina de otra.

El cuarto es el que me dejó pensando más.  Es una historia que se ubica al final de los sucesos narrados en World War Z.  Básicamente trata de explorar cómo sería el mundo post-epidemia, cuando la humanidad ya la sobrevivió y la sociedad se está tratando de reconstruir.  En ese mundo mucha gente tendrá aún la esperanza de que sus seres queridos hayan sobrevivido y quizás estén viviendo en otro lado.  Este cuento aborda eso de una manera bastante cruda, partiendo del supuesto de que no, esos que estás esperando que se pongan en contacto contigo fueron devorados o fueron transformados.  No obstante, además me pareciera que Brooks está postulando con este cuento que ya se cansó del subgénero.  El final del cuento me daría la impresión de que está queriendo decirnos algo.

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(Dibujito de arriba: http://alexorbe.blogspot.com)

Andy Wachowski & Lana Wachowski, Speed Racer

En .Inicio, Crítica el 17 enero, 2013 a las 2:42 PM

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Sí, yo sé que Speed Racer no es la mejor película de los hermanos Wachowski.  También sé que visualmente no es la mejor lograda, sus personajes no son los más profundos y su historia no es la más consistente.  Pero me gusta, porque trata un tema universal que me encanta: El enfrentamiento de individuos aparentemente indefensos a poderes más grandes que ellos.  En el caso de esta película, a una corporación poderosa que domina supuestamente la industria de las carreras de carros en un futuro no muy lejano.

La familia de Meteoro tiene una empresa pequeña en la que hacen sus coches de carrera, los cuales son conducidos en las pistas por el segundo hijo, Speed.  Ante su negativa de dejarse comprar por la corporación de Royalton, el millonario se empecina en hundir a la familia Racer.  No es la historia más original del mundo.  Las autoridades quisieran ayudar, pero no tienen pruebas contra Royalton.  Para hacer las cosas peor, el millonario empapela a los Racer en demandas huecas e insulsas para desprestigiarlos y hacerles perder el tiempo.

En un momento de desesperación el padre de Speed le dice que ni modo.  Perdieron.  Y Speed le dice que no, que algo va a hacer.  Y en ese momento dice LA frase de la película, los cinco segundos por los cuales yo me veo los 135 minutos que dura.

Pops Racer: You think you can drive a car and change the world? It doesn’t work like that!
Speed: Maybe not, but it’s the only thing I know how to do and I gotta do something.

Traduciendo libremente, el papá le dice “¿Crees que conduciendo un carro vas a cambiar el mundo? ¡Así no funciona el mundo!” y Speed le responde “Quizás no, pero es la única cosa que sé hacer y tengo que hacer algo“.

Díganme que nunca se han sentido así.  Arrinconados, burlados, engañados y con ganas de hacer algo, pero las circunstancias son más grandes que uno.  No obstante, algo tiene que hacer uno.

(Originalmente publicado en Economía de los Mil Demonios, 15/04/2010, dibujito de arriba: http://mixedbagmythography.blogspot.com)

Tomas Alfredson, Låt den rätte komma in (Déjame entrar)

En .Inicio, Crítica el 11 enero, 2013 a las 5:38 PM

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El fin de semana fui a ver esta película sueca de la que todo el mundo está hablando inconvenientemente traducida al castellano como Criatura de la noche.  Dos cosas que debo decir sobre este film: Me encantó y me pareció excelente película.  O sea, no solamente me pareció bien hecha, en el sentido de que las tomas y la música son perfectas, las actuaciones son bastante adecuadas, la historia está bastante bien contada.  Además a nivel personal me gustó muchísimo.

Sobre los aspectos técnicos pueden ir a otros blogs más especializados.  Pero sobre el aspecto personal debo decir que me encantó, porque es lo que yo creo que debería ser una película de vampiros.

No me opongo a que se hagan bodrios como Crepúsculo.  Si hay mercado para eso, que se haga.  Pero yo personalmente siempre he pensado que ser vampiro es una mierda.  Así, con todas sus palabras.  Nada de romaticismo eternos. ¿Vivir para siempre? Pucha, no sé.  Quizás si me lo ofrecieran lo pensaría.  Pero, ¿vivir para siempre a costa de comerme gente? Ahí sí ya no.  Y lo que es peor, ¿vivir para siempre, pero dejando para siempre de ver la luz del sol? Caray, peor.

Hay otras obras que tratan esa vaina de manera mucho más centrada.  Tírenme tomates si quieres, pero Blade I creo que da en el clavo en proponer una forma de cómo se organizarían los vampiros si existiesen, con todas sus limitaciones y compartiendo penas.  Y las novelas de Anne Rice, por supuesto.  Sobre todo ésa en la que Lestat regresa a ser humano momentáneamente y recuerda la basura que es ser mortal, pero lo compara con las limitaciones de ser vampiro.

Esta película sueca retoma esos problemas.  Eli es una niña vampiro de 12 años.  Y en un momento, cuando le preguntan qué edad realmente tiene, ella responde que tiene 12 años, pero que ha tenido 12 años por muchísimo tiempo.  Esa respuesta creo que la define a la perfección.  Y la plantea como un contraste bastante fuerte del personaje que hace Kirsten Dunst en Entrevista con el vampiro, Claudia.

Eli es una niña de 12 años, a la que le gusta jugar.  No sabe medir su fuerza y en varios casos no reconoce las consecuencias de sus actos.  Es decir, es una niña de 12 años.  Claudia, en cambio, es una mujer adulta en el cuerpo de una niña, lo cual la transtorna y la lleva a hacer muchas cosas que la afianzan como mujer, a pesar de que se ve como una niña.  Comparando ambos, me quedo de lejos con Eli.  Es una historia mucho más humana y profunda, creo.

El final de Criatura de la noche me parece genial y me dejó con muchas ganas de saber qué pasa después.  El uso de la clave morse como símbolo de medio por el cual Eli por fin encuentra alguien con quien se puede comunicar, el paralelo entre el cubo mágico y el huevo “que si lo vendo me podría comprar una planta nuclear”.  El retorno a las reglas oficiales del vampirismo (no poder entrar a una casa a menos que te inviten, por ejemplo)…  Hay tantos detalles en esta película que me han hecho cuestionar que los zombies sean los monstruos oficiales del mundo post-crisis financiera.

Digo esto porque en Criatura de la noche se retoma un tema del planteamiento original de las primeras historias de vampiros.  Eli, al igual que Drácula y otros, vive con una fortuna encima.  Eli si quiere se puede comprar una planta nuclear, asegura.  No importa de dónde salió el dinero.  Ella nunca responde a la pregunta de si se lo sacó a sus víctimas.  Drácula tiene un castillo y sirvientes.  O sea, ambos han dejado atrás las preocupaciones monetarias para siempre.  Pero ninguno de los dos es realmente feliz, porque tienen una maldición encima.  Ahí hay un mensaje bastante claro.  Muy de acorde a los floros que se están manejando en la prensa post-crisis, creo.

(Originalmente publicado en Economía de los Mil Demonios, 12/04/2010, dibujito de arriba: http://marcelofrusin.blogspot.com)

Hergé, Tin Tin

En .Inicio, Crítica el 7 enero, 2013 a las 9:54 PM

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Cuando era chiquillo las aventuras de Tin Tin me parecían lo máximo.  Podía agarrar uno de los tomos y volverlo a leer y volverlo a leer y volverlo a leer.  Me encantaba.  Las historias del periodista belga que viajaba por el mundo investigando todo tipo de intrigas en un tiempo en el que viajar de un país a otro era realmente una angustia, me resultaba increible.  Claro, la inocencia con la que trataba los conflictos políticos de los distintos lugares a los que iba Tin Tin ahora que estoy más grandecito me parece evidente.  Pero cuando era niño me parecían increibles.

Mucho tenía que ver con el cuidado que le aplicaba Hergé a cada tomo que sacaba.  Es legendaria la preparación que le dedicaba Hergé a cada uno.  Si se trataba de una historia en la que Tin Tin viajaría a China, se entrevistaba con personas que hubiesen viajado a ese país, se conseguía fotos, leía al respecto, etc, etc.  Realmente se tomaba su tiempo en hacerlo bien.  Sólo para que se hagan una idea, La isla negra fue publicada en 1938 (recién en 1943 fue publicada a colores) en blanco y negro.  Recién al año siguiente, en 1939, publicó la siguiente aventura, El cetro de Ottokar.  Y dos años después, en 1941, la siguiente, El cangrejo de las pinzas de oro.  Cada una de estas tres transcurre en un ambiente completamente distinto: La isla en Gran Bretaña, El cetro en Alemania y Praga, El cangrejo en el norte de África.

Hergé en sí mismo era todo un personaje.  Belga que sufrió la ocupación nazi.  De hecho, durante la Segunda Guerra Mundial siguió publicando las aventuras de Tin Tin.  Conforme el conflicto se incrementaba, se puede notar un cambio en su estilo y a tramas más escapistas, más de aventura pura.  De fantasía, incluso.  Ya no se la pasa tanto hablando de la situación política de tal o cual lugar.  Que a mí, sinceramente, me parece mejor, porque no creo que Hergé realmente entendiese lo que pasaba en el mundo.  Por ejemplo, es sabido que Tin Tin en el Congo tuvo que ser adaptado luego para que sea políticamente correcto, dado que incluía una visión colonialista belga de Africa.  Hay algunas viñetas que tuvieron que ser cambiadas.  De hecho, después de que Bélgica se librase de la ocupasión nazi, Hergé fue acusado de colaboracionista.

Pero sus aventuras-aventuras son lo máximo.  Ni qué decir de los personajes secundarios.  Su perrito Milú y su apreciación básica de las cosas.  El Capitán Haddock y cómo malinterpreta todo.  El Profesor Tornasol y su aproximación científica inútil a los problemas.  Lo que me gusta de ellos es que van evolucionando conforme van pasando los años.  El Capitán Haddock de La estrella misteriosa no es el mismo que visita el Perú en El templo del sol.  Es alguien que ha crecido y ha madurado mucho.

Tin Tin, Asterix y El Cuy fueron los tres personajes gráficos que cuando era chiquillo me hicieron alucinar un montón acerca de viajes a países lejanos.  Estamos hablando de aventureros del estilo antiguo, con moral inquebrantable y que no puede quedarse sentado cuando ven una injusticia.  Ya no hay de esos.

(Originalmente publicado en Economía de los Mil Demonios, 30/03/2010, Dibujito de arriba: http://jake-paperlife.blogspot.com)

Jorge Eduardo Benavides, El ritual de la huaca

En .Inicio, Crítica el 21 septiembre, 2012 a las 2:13 PM

No me gustó El ritual de la huaca, de Jorge Eduardo Benavides.  No es que esté mal escrito o que ofenda al lector con algo, es simplemente que todo gira alrededor de la inevitabilidad de las cosas y ése es un tema que a mí no me cuadra.  Yo soy de la generación que cree que la humanidad podrá hacerle frente a cualquier problema, que no habrá obstáculo que eventualmente no podamos tumbar.  Pero este libro plantea todo lo contrario: Hay algunas cosas en la oscuridad que son inevitables.  Y que por gusto te esfuerzas en evitarlas, igual te caerán eventualmente.

El ritual de la huaca es una de esas historias de terror en las cuales un grupo de jóvenes ingenuos ofenden a una fuerza sobrenatural sin querer y tendrán que pagar el precio por el resto de sus vidas.  En ese aspecto tiene bastante de Blair Witch Project.  O como la primera historia que se muestra en Los sueños de Akiro Kurosawa, la del niño que ve sin querer el matrimoio de unos zorros y por ello queda condenado de por vida.

Todos en El ritual de la huaca van a sufrir el mismo destino, el asunto es el tiempo que pasarás sufriendo mientras tratas de evitarlo.  En ese sentido, la pregunta es si vale la pena seguir sufriendo si sabes que la vida es toda sufrimiento.  Claro, el personaje más longevo de la historia tiene un propósito en esa nueva vida -que de hecho, ¿no es algo contradictorio, sabiendo lo que sabemos de él?- y quizás eso hace su tortura menos atroz.  Pero aún así, las condiciones en las que vive son, pues, malísimas.

¿Es eso la vida?, parece preguntarse Jorge Eduardo Benavides. ¿Es esto todo a lo que podemos aspirar? ¿A hacernos daño entre nosotros para que la tortura que es vivir sea menos intensa? No, quizás sea que yo pertenezco a otra generación y para mí la vida no es eso.  No me voy a poner en plan Little Pony, tampoco.  Pero El ritual de la huaca me parece un poco excesivo para mi gusto.

Independientemente de lo bien o mal que esté escrito.

Victor Guevara Pezo, Doña Elvira

En .Inicio, Crítica el 14 septiembre, 2012 a las 10:03 PM

A mí sinceramente no me gusta la literatura costumbrista.  Opino que en el Perú han abusado del género.  O sea, está bien que se haga, pero no a un punto en el que domina el mercado.  Eso no quita que cuando se haga una buena obra me guste y la comente.  Ése es el caso de una novela que llegó a mis manos casi por casualidad, Doña Elvira.  Se trata de la primera aventura literaria del cusqueño Victor Guevara Pezo, quien tengo entendido es un recorrido abogado.

Se trata de una novela basada en hechos reales.  De hecho, la Doña Elvira del título es un personaje histórico bastante conocido en Cusco.  Fue una aristócrata educada en Lima, perteneciente a una familia conservadora.  El libro narra toda su vida, contando las circunstancias en las que nació, describiendo la Lima en la que vivió, etc, etc.  De hecho, debo aceptar que el autor es bastante hábil para meterte información histórica que confío que es cierta a lo largo de la narración.  No es evidente, pero la data está ahí.

Es más, me parece particularmente bien hecha la forma cómo te genera suspenso en algunos puntos desviándose de la trama principal para comenzar a contar sucesos históricos paralelos, para después unirlo todo, dejando en claro que no te ha hecho perder el tiempo con información irrelevante para la vida de Doña Elvira, sino todo lo contrario.  El mejor ejemplo -hasta ahora, porque aún no lo termino de leer- es cómo de una cosa salta a otra y de pronto entra a contar las circunstancias de un levantamiento en armas que se da en la ciudad de Cusco que finalmente tiene un impacto importante en la familia del personaje principal.

No es una novela con grandes sorpresas.  De hecho, la mayoría de cusqueños seguramente ya saben en qué acaba, dado que está basada en la vida de un personaje real localmente famoso.  Pero el gancho no está ahí, sino en la presentación de manera casual de cómo era la vida de distintos aspectos de la población cusqueña de finales del siglo XIX y hasta mediado del siglo XX.  Se las recomiendo.  A mí, por lo menos, me está gustando un montón.

(Originalmente publicado en Economía de los Mil Demonios, 19/02/2010)

Javier Arévalo, El último silbido del tunche

En .Inicio, Crítica el 24 agosto, 2012 a las 3:32 PM

El cuarto número de la Colección Sobrenatural que sacó ReCreo con Correo fue escrito por Javier Arévalo, un autor con varios títulos publicados y amplia trayectoria.  Y si bien El último silbido del tunche no está mal escrito, es el que menos me gusta hasta ahora.  Tiene un detalle que me incomoda de esta clase de narraciones y que creo que es bastante frecuente cuando un autor se mete a escribir a un género que no es su usual campo.

La historia está contada en primera persona y presenta a una “joven y hermosa antropóloga” que a sus cortos 29 años ya se ha hecho una carrera investigando casos sobrenaturales.  O sea, básicamente, Arévalo introduce a la Tomb Raider peruana, que reúne las condiciones para ser la heroína de una serie de novelas o de películas o qué sé yo.  Pero para una historia de terror tú no quieres a una superchica, tú quieres a alguien con quién identificarte.  Alguien que tienda a tener los mismos temores que tú o que tome las mismas decisiones tontas que uno tomaría en una circunstancia como ésa.  No a una temeraria investigadora que se mete a la boca del lobo para investigar lo que realmente pasa.  Sobre todo si consideramos cómo es que acaba la dichosa antropóloga al final de la historia.

De hecho, ése es un detalle que me gusta tanto de los clásicos como HP Lovecraft.  Sus héroes casi nunca quieren investigar lo que están investigando, pero se ven obligados a hacerlo o se ven arrastrados a hacerlo por razones siquiátricas.  Y ciertamente sufren durante el proceso.  Es más, hasta donde recuerdo, los que se meten a una trama sobrenatural por iniciativa propia para buscar fama y fortuna siempre terminan mal en la narrativa de este autor.  No obstante, si has leído a Lovecraft y alguien te diera tres segundos para pensar en unos de sus protagonistas humanos, seguramente pensarás en uno que se vio obligado a investigar algo sobrenatural por mero acto de sobrevivencia.  O que acabó mal por curioso.

En el caso de El último silbido del tunche, Arévalo se toma un par de páginas en explicar por qué su protagonista se las sabe todas, como así ha ido a parar a entrevistar a chamanes y a brujos y todo eso.  Todo eso para justificar las irresponsables decisiones que toma que la llevan a un final que es completamente predecible, pero evitable dentro de la historia contada.

Me da pena, porque dentro de la historia se aprovecha para explicar un asunto bastante interesante acerca de la relación entre los indígenas de un pueblo amazónico y los colonos que han llegado a trabajar ahí, pero que no se llevan bien con los indígenas, así como las razones para esas tensiones.  Todo eso está contado de buena manera y se inyecta bien dentro de la dinámica de la trama.  Lamentablemente llega esta antropóloga a distorsionar todo por las puras y a causa más muertes de las que habría habido si no se iba a jugar a Supernatural a la selva.  Si la historia principal hubiese sido más original o sorprendente, el rollo que el autor quiere plasmar habría tenido más impacto.

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